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jueves, 8 de junio de 2017

“MANNY FUE MI MEJOR COACH” David explica cómo lo ayudó a mejorar su bateo

REDACCION

Para nadie es un secreto que la carrera de David Ortiz está dividida tal cual la era cristiana, en un antes y después de.

En el caso de Ortiz es A.B. (Antes de Boston) y D.B. (Después de llegar a Boston).
De no recibir tiempo de juego regular con los Mellizos de Minnesota a ser un titular con los Medias Rojas de Boston.

De ser un jugador promedio a ser una super estrella.
Pero también podría dividirse la carrera de David en A.M. y D.M., o Antes de Manny y Después de Manny.

Y es que a pesar de haber sido uno de los grandes bateadores de todos los tiempos, Ramírez también fue mucho más que un compañero de equipo para David Ortiz.

“He tenido muchos coaches de bateo en mi carrera, pero Manny fue el mejor de todos. Si tenías una pequeña recha negativa, él siempre sabía cuál era el problema. Siempre supe que era un genio del bateo, desde antes de llegar a los Medias Rojas. Pero él era uno de los raros bateadores de poder que podía hacer de todo con un bate”, cuenta Ortiz en el libro “Big Papi: My Story”, que se publicó recientemente.

Ortiz explica cómo Ramírez le enseñó a entrar con más fuerza, pero también cómo analizar el juego y descifrar a los lanzadores contrarios.

“Aprendí a ver el juego de manera diferente, solo por ver y escuchar a Manny. Él era muy bueno quitándole el ritmo a los lanzadores y sabiendo lo que él quería hacer.

Cuando estaba concentrado, era como ver las cosas en cámara lenta. Realmente, no importaba lo que le tiraran, o si un derecho o zurdo estaba en el montículo. Él le bateaba a todo el mundo. Había escuchado que los bateadores entraban en ese nivel, pero nunca lo había experimentado”, agregó el toletero.

Pero también estaba la forma en que entrenaba físicamente y los turnos al bate que tomaba en las prácticas, tanto antes como después de los juegos.

“Un día Manny me dijo que me fuera a entrenar con él y lo hice. No pueden creer el tipo de entrenamiento que me puso a hacer. Al final de cada día, estaba muerto. Era una locura. Tenía un entrenador que nos ponía a trabajar a las 6:30 a.m. Luego nos íbamos a jugar (en los entrenamientos). Digamos que salíamos del parque a las 4:00 p.m. Nos íbamos a casa por una hora y luego nos reuníamos con el entrenador para otro entrenamiento de dos horas”, comenta.

El cansancio fue tan grande después de unas semanas, que el propio dirigente le pidió que dejara de hacer eso.

“Manny me acabó. Duré unas dos semanas y media en eso y cuando se lo comenté a (el dirigente Grady Little) Grady, me dijo que dejara eso, que me iba a cansar demasiado porque no estaba acostumbrado”, añadió Ortiz.
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