Titulares

martes, 4 de julio de 2017

El Tsunami iba a ser sacerdote antes de pelotero

REDACCION


Aunque usted no lo crea, el hoy estelar lanzador de los Cardenales de San Luis Carlos Martínez estuvo muy cerca de ser cualquier cosa menos pelotero.

De hecho, el hombre apodado el Tsunami, le dijo a MLB.com que antes de dedicarse a la pelota estuvo en el seminario para convertirse en cura y estudió cuatro años para ello.

El muchacho fue suspendido por MLB por un año tras firmar originalmente con los Medias Rojas de Boston porque fue declarado por su tío y no por sus padres biológicos.

“Créanlo o no, casi me convertí en integrante de los Medias Rojas y estuve cerca de ser sacerdote. Soy un hombre que se siente muy orgulloso de la República Dominicana y he trabajado duro para llegar a donde estoy. No siempre ha sido fácil, pero trato de sonreír en todo momento. Este soy yo en la vida real.

Algunos de los primeros recuerdos de mi niñez involucran a un cura que nos daba clases en la iglesia del barrio. Recuerdo que nos llevaba a montar carritos chocones los domingos y claro, nos conseguía boletos gratis porque éramos muy pobres y no teníamos dinero. La iglesia era una parte importante de mi vida. Más grande que el béisbol. De hecho, estudié para sacerdote por cuatro años. 

Eventualmente, comprendí que no era la vocación indicada para mí, pero aprendí mucho durante ese tiempo. En camino a Grandes Ligas es donde tenía que estar, así que volví”, dijo Martínez a la página web oficial del béisbol de las Grandes Ligas.

Por todas sus vivencias, Martínez hoy es un hombre más fuerte.
Uno de los momentos que más le marcó fue la muerte de su amigo Oscar Taveras, quien se mató en un accidente automovilístico en el país.

“Cuando murió Oscar Taveras, perdí a un hermano, a un amigo. Fue casi como perder a un mellizo. Quizás en algunas formas, su muerte me ayudó a ser más maduro y a poner los pies sobre la tierra. Creo que se puede decir lo mismo de los fallecimientos de Yordano Ventura, José Fernández y Andy Marte, con quien jugué en las Águilas Cibaeñas. 

La gente me preguntaba por ellos y yo me negaba a recordar lo sucedido. No hablaba de ese tema. Pero la vida me ha enseñado que puedes acordarte de las cosas buenas y en eso me enfoco, en los buenos recuerdos. Por eso, si me preguntan de mis amigos fallecidos, me ven sonreír, porque estoy pensando en los buenos momentos que tuvimos”, comentó.

También habló de cómo disfruta cada partido que le toca lanzar.

“Disfrutar el juego es importante, especialmente en el día que me toca lanzar. Trato de estar relajado y relacionarme con mis compañeros lo más que pueda. Otros lanzadores quizás se ponen muy serios y tratan de evitar todo para mantenerse enfocados, pero yo trato de vivir mi vida como siempre lo hago y no cambiar nada. Cuando es hora del juego, siento que estoy enfocado, como un caballo con anteojeras. Solamente veo el plato. Pero hay que disfrutar la vida”, sostuvo.
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